lunes, 26 de abril de 2010

EL REGALO

Contaminatio,así lo llamaban los romanos.
En realidad se trataba de copiar obras de autores griegos y traducirlas al latín. Probablemente en la actualidad se acusaría al gran Plauto de plagio. Los romanos vampirizaron a los griegos y succionaron hasta la última gota de su arte.

Llevaba días pensando en el regalo. No sabía cómo envolverlo.Si,claro,la intención es lo que cuenta pero si la intención tiene un bonito envoltorio mejor que mejor.Cómo casi siempre él, sin saberlo, le dio la idea. Adornaría su presente con una mala copia de un texto leído hacía pocos días.

Hace 14 años


Abrió la maleta, sobre la silla descansaba la pesada bolsa de mano. Contempló la habitación. Sí, tendría que aprender a viajar con menos equipaje, casi no había espacio libre para depositar sus pertenencias. Sacó el bañador. ¿El bañador?¿En Roma?.Era el mes de agosto, hacía mucho calor pero allí no había playa ni piscina en el hotel. Por si acaso…se dijo. Todo era imprescindible.
Caminaba por el foro, sonrió pensando en su bañador. La ropa se le pegaba al cuerpo. Quizá un buen negocio sería rehabilitar las Termas y llevar a los sufridos turistas a darse un buen baño en el tepidarium,caldarium y frigidarium después de haber recorrido a 40 grados a la sombra la Roma antigua, la Roma barroca, la Roma cristiana…

Hace 4 años

Su optimismo le impidió desmoronarse. No era un buen comienzo. Un despiste de principiante le costó caro. Le habían robado el bolso de mano cuando aún no había iniciado el viaje. En el aeropuerto una voz en off repetía una y otra vez que los viajeros no descuidaran sus maletas y bolsos.Tarde,ya era tarde. Obligada por las circunstancias esta vez viajaría un poco más ligera de equipaje, no hay mal que por bien no venga.

Comía frente al Panteon,un lugar privilegiado. Pensó en Agripa, ¿Cómo se sentiría al ver que miles de turistas entraban y salían del que un día fuera el templo de todos los dioses?¿Y Augusto, el defensor de las buenas costumbres? Toda esa turba de gente irrespetuosa, preocupada sólo por sacar la mejor instantánea.


Hace 4 meses

Abrió los ojos. Una cara sonriente le pregunto ¿Qué tal por Roma?¿Quién era?¿Soñaba?.Un hombre desconocido, vestido de verde, cogió con suavidad su muñeca, levanto su brazo izquierdo y la instó a que ella hiciera lo mismo con su brazo derecho. Entonces entendió, sí ,volvería a Roma.

Hace casi un mes

¡Cómo pudo olvidar ese detalle!. Las ruedas de la pequeña maleta se negaban a deslizarse por el milenario empedrado romano. El corto trayecto se le hizo eterno.
El solícito recepcionista abrió orgulloso la ventana y mostró una fuente con una reproducción de la loba capitolina. Le explicó la historia de Rómulo y Remo, los fundadores de Roma.

Caminando por la via Merulana pensó en el regalo. Todos le habían advertido, no podía cargar su pequeña maleta. No compraba recuerdos, tampoco compró el regalo. Con el tiempo había aprendido, lo imprescindible no es lo que se lleva en la maleta sino la persona que viaja contigo. En su mente guardaría los frescos de la casa de Livia, el trono Ludovisi,los mosaicos…En su recuerdo no pesaban.


Hoy cuando lo leas

Descubrirás que el gran Cayo Mario, siete veces cónsul, aportó una importante innovación al ejército romano obligando a cada soldado a trasportar su impedimenta para reducir el número de carros de transporte y dar ligereza al ejército. Así, para simplificar las cosas y aligerar la carga que transportaban los romanos crearon la primera navaja multiusos de la historia.
La he traído en mi equipaje, espero que te guste. Este es el regalo, lo demás inútil papel que se desecha una vez cumplida su misión.

POST SCRIPTUM



Como bien sabe A.H.M.nada de arte cabrá esperar, pero más por falta de ardites que por funesta fatalidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El regalo es la caja. Lacada. Codificadísima es la cortesía entre los súbditos del emperador.El doblez de una manga, el color de una cinta de seda, el calado de la tsuba o un forro de galuchat que vistió a un pez cartilaginoso...Y sobran las palabras que contaminarían la ceremonia y entorpecerían la calibrada obsequiosidad.
Un ciervo de papel, articulado y silente; un kaki trasmutado en flor, brillante y seco; un cofre diminuto con flores de acacia.Y una medida de aire, como un suspiro liberado que acaricia el corazón.
Y el receptor debiera inclinarse,con los pies de plomo para no salir volando. Y debiera decir,velarizando las consonantes y alargando las vocales:¡ARIGATOU!