viernes, 11 de febrero de 2011

QUE HUBIERA SIDO DE ODISEO SIN LAS SIRENAS

Dice la leyenda que el nombre de Sorrento (Surrento) deriva de las míticas sirenas, que eran mitad mujeres y mitad peces, que forzaban a los navegantes a naufragar contra sus rocas.
Es probable que las sirenas homéricas, que intentaron seducir a Odiseo con sus cantos, habitaran frente a las costas de Sorrento, único lugar dónde se ubica un templo griego dedicado a ellas.
De la lectura de la Odisea se desprenden algunos datos que ayudan a situar geográficamente las andanzas del héroe desde que abandonó la isla de Ea, en la que permaneció durante un año con Circe, hasta que se enfrentó a las temibles Escila y Caribdis después de haber vencido a las Sirenas.

Así, es posible que la maga Circe tuviera su pétrea mansión al norte de Nápoles dónde actualmente se encuentra el cabo Circeo. Por esa región, también, estaba el lago de Averno, antigua boca de un cráter volcánico, donde los griegos ubicaron la laguna Estigia, y allí es donde fue Odiseo, por consejo de Circe, y descendió a las puertas del Hades -el reino de los muertos- para consultar sobre su futuro al alma del adivino Tiresias.
Según Homero, Circe sugirió a Odiseo dos rutas alternativas para volver a Itaca: bien hacia las «rocas errantes» (las pumíceas, islas Lípari o Eólicas , en las que habitaba Eolo el dios de los vientos ) o pasar entre la peligrosa Escila y el remolino de Caribdis, normalmente identificado con el estrecho de Mesina.


Antes de partir Circe advirtió a Odiseo acerca del peligro de las sirenas y le dijo cómo proceder para poder escuchar su canto sin ser arrastrado hacia el Hades:
"Primero llegarás a las Sirenas, las que hechizan a todos los hombres que se acercan a ellas. Quien acerca su nave sin saberlo y escucha la voz de las Sirenas ya nunca se verá rodeado de su esposa y tiernos hijos, llenos de alegría porque ha vuelto a casa; antes bien, lo hechizan éstas con su sonoro canto sentadas en un prado donde las rodea un gran montón de huesos humanos putrefactos, cubiertos de piel seca. Haz pasar de largo a la nave y, derritiendo cera agradable como la miel, unta los oídos de tus compañeros para que ninguno de ellos las escuche. En cambio, tú, si quieres oírlas, haz que te amarren de pies y manos, firme junto al mástil, que sujeten a éste las amarras, para que escuches complacido, la voz de las dos Sirenas; y si suplicas a tus compañeros o los ordenas que te desaten, que ellos te sujeten todavía con más cuerdas."



Siguiendo el consejo de Circe, Odiseo pudo escuchar el bellísimo canto de las sirenas pero no sucumbió a sus poderes.

En las primeras representaciones que existen de las sirenas la mitad inferior era de pájaro, y habitaban en lugares escarpados, si bien, con el tiempo, coexistió esa apariencia fantástica con otra no menos formidable, la que hacía de su parte inferior cola de pez, doble modelo que es el que se ha perpetuado hasta hoy, aunque con preferencia por la forma marina.La mitad pájaro pudo ser una reminiscencia de la iconografía egipcia, que personificaba en el ser alado la representación del alma, la variante del pez puede delatar, para algunos, su procedencia nórdica.

En la iconografía moderna las sirenas se representan por lo general como de abrumadora belleza, aunque es probable que en la tradición clásica su único atractivo radicase en su voz, y que su apariencia fuese poco menos que monstruosa.


Horacio, en la Epistola ad Pisones, hace mención a un híbrido de mujer y pez como un sujeto hilarante:

"desinat in piscem mulier formosa superne;spectatum admissi, risum teneatis, amicis?"

si en pez acabase lo que es una hermosa mujer por encima,¿aguantaríais la risa al verlo, camaradas?

En cuanto a la etimología hay quien emparenta la forma griega seiren-enos con la raíz semítica seiren, que significaría «hembra que fascina con sus cantos» o, más literalmente «la que apresa o atrae».Las sirenas tienen peligro porque su canto encanta, y Sebastián de Covarrubias (Tesoro de la lengua castellana) hace derivar su etimología de la voz hebrea syr, «que vale por cantus», por lo que sirena vendría a significar “cantora”.

Estos seres, que producían el canto que encanta, provocaron una traslación metafórica a sirena como ‘pito que se oye a mucha distancia y que se emplea en los buques, automóviles, fábricas, etc., para avisar’, llegado al castellano a través del francés. Aunque su sonido no es muy melodioso sí que invita a taponar con cera nuestros oídos para no escucharlo y así poder evadirnos de la fatal atracción del trabajo(cuando suena la “sirena”) o del sobresalto que producen las ambulancias, coches de policía o bomberos.

Escuchad la canción que adjunto , en ella se aprecian claramente los dos sentidos de la palabra sirena:mujer que seduce con su canto y sonido estridente que nos avisa de algo penoso.
El canto de las sirenas, Aute.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No hay cantos melodiosos en los mares; las majestuosas aves marinas de insuperable maestría domando tempestades graznan, chillan, cloquean...Quizá solo es amielada la cadencia del contador de historias que, desde puerto seguro, despliega las sombras de las odiseas marinas. Que no se cierre la fuente ni se agosten las flores ni huya la sirena que pidió la palabra.Es su voz la que confunde la visión del marinero y convierte a la huidiza criatura de la caverna en resbaliza perla de mar.
Cúéntenos otra, señora sirena.